La Calle de la Magdalena y su historia

Os hablamos sobre las historias que esconde una de las vías con más narrativa de Lavapiés, la Calle de la Magdalena

Las historias de esta calle

El nombre de esta calle de Lavapiés parece ser que proviene de la ermita que se encontraba en la misma calle, dedicada a Santa María Magdalena, cortesana y amiga de Jesús de Nazaret. Esta teoría adquiere más sentido al saber que Luis Manrique de Lara, limosnero de Felipe II fundó en el siglo XVI el convento de las religiosas agustinas, dedicado a la Magdalena y dando portal a la vecina calle de Atocha.

La calle da a la Plaza de Tirso de Molina, que fue durante 300 años el convento de la Merced, considerado el mejor convento de Madrid. Además, allí enterraron a un nieto de Hernán Cortés, quien pagó para que hicieran el convento, donde estuvo de monje el propio Tirso de Molina. El convento duró hasta la desamortización de Mendizábal, cuando construyeron la plaza, llamada entonces Plaza del Progreso, donde colocaron una estatua de Mendizábal que fue cambiada por una de Isabel II al acabar la guerra civil.

Un dato curioso es que por este convento pasaba el Rosario de la Aurora, procesión que salía de la capilla de la Virgen de la Aurora, recorriendo medio Madrid con 36 farolas enormes y doradas. Al pasar por el Convento de la Merced, debía pasar por una calle muy estrecha, en la que se encontraron con otra procesión que venía de frente, con la que se enzarzaron a farolazos. Tras ese día, se prohibió la procesión del Rosario de la Aurora. Justo de aquí proviene el dicho de “Acabar como el Rosario de la Aurora.”

La sede de la Filmoteca Española se instaló a principios del siglo XX en el Palacio del marqués de Perales, al inicio de la calle de la Magdalena. Este edificio vivió en 1808 un sangriento asalto del pueblo madrileño. Una turba capitaneada por Pepa la Naranjera irrumpió acabando con la vida del marqués de Perales, cuyo cadáver arrastraron por las calles. El motivo fue que a la hora de armarse, el pueblo descubrió que la pólvora que les repartieron no era pólvora, sino arena.

La figura de Tirso de Molina

Tirso de Molina nació en Madrid, en el reinado de Felipe II. Durante su vida fue fraile mercedario, filósofo, poeta, historiador, teólogo, escritor y dramaturgo. Comenzó siendo fraile, pero al hacerse cura se fue a Toledo, donde escribió numerosas obras de teatro. Cuando era estudiante, conoció a un ya reconocido Lope de Vega y su comedia nueva, la cual defendió siempre.

Él solo ha escrito más de 400 obras de teatro, de las que a día de hoy se conservan 60, siendo uno de los autores más prolíficos del siglo XXI. Su mayor obra y por la que ha sido más reconocido es por crear “El mito de Don Juan”.

Según Tirso de Molina el teatro debía cumplir unas características ineludibles. Estas eran ser divertido, entretenido, interesante, con muchos artificios, con muchos personajes, con muchos giros argumentales, con muchos enredos y con mucho humor fino.

Es increíble la cantidad de historias que puede esconder una simple calle. ¿Te gustaría saber más anécdotas de las diferentes calles del histórico barrio de Lavapiés?

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