¿Cómo empezó la bici en Madrid? La Bici Crítica: pedales a favor de un medio de transporte alternativo y más amable

Leonardo Da Vinci jamás imagino que un boceto de un vehículo con pedales evolucionaría siglos después hacia un vehículo que usan actualmente 800 millones de personas en todo el mundo: la bicicleta.

Y en todo el mundo también se incluye a España, donde un 31% de la población utiliza la bicicleta con frecuencia (a diario o más de una vez a la semana), y en el que el 75% de los hogares cuenta con una de ellas, con una media de 1,9 bicicletas por casa.
En Madrid, como en otras capitales del mundo con alta concentración de población, la actividad ciclista va en aumento. Un aumento impulsado el pasado año por la pandemia, pero sobre todo, como respuesta a los nuevos retos ambientales y de salud pública.

Del mismo modo que en los años cincuenta y sesenta se promovió la masiva presencia de automóviles (deteriorando el espacio público y la calidad del aire), el momento actual requiere de medios, como la bicicleta, que ofrezcan la máxima funcionalidad y rentabilidad social con el mínimo impacto ambiental y de salud.

Pero Madrid aprendió a pedalear hace mucho. En los años 30 y 40 aparecieron los primeros «ciclistas» en las calles, pero no sería un medio relevante hasta finales de los 70 y principios de los 80, cuando surge también el activismo por este medio de transporte.

En los años 80, España despega y «descubre» una desconocida Europa hasta ese momento, con los intercambios escolares, el interrail y todo un mundo nuevo de posibilidades en ciudades como Londres, Ámsterdam o Paris, donde conocerían los carriles bici. Unos carriles que serían el eje central de un activismo obsoleto, usados más como arma política, que en beneficio y fomento del uso real y sincero de la bicicleta.

La hegemonía de los «carrilbicistas» duraría 30 años, hasta la primera década de este siglo, cuando comienza el fenómeno del uso de la bicicleta, en entornos rurales y urbanos, y se empieza a poner en entredicho el uso de los (costosos) carriles bici. En 2010 lo haría a nivel nacional, el colectivo Ciudad Ciclista, y en nuestro ciudad, Madrid Ciclista.
Ambas con un discurso totalmente alejado del tradicional, reivindicando la no segregación de los ciclistas y su igualdad con los automovilistas en el mismo espacio, y confiando a la vez, en la cooperación de estos para garantizar su seguridad.

Junto a estos movimientos y a la decadencia del activismo más tradicional aparecieron nuevos colectivos, como el de la Bici Crítica de Madrid, un grupo abierto de ciclistas que se juntaba el último jueves de cada mes en el edificio Correos, en la Plaza de la Cibeles, y que iniciaban una improvisada marcha, reivindicando el uso de un transporte alternativo y más amable, otra forma de moverse y de vivir la ciudad.

Esta masa crítica se extendió por diferentes ciudades de todo el mundo, con el objetivo de mostrar la bici como medio de trasporte urbano, y demandando su derecho a circular sin peligro, pedales a favor de un medio de transporte amable con el medio ambiente y en beneficio de la salud pública.

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