




Es una pieza que parte de la convivencia real que define Lavapiés: un barrio atravesado por historias migrantes, donde múltiples identidades, culturas y trayectorias compartimos el mismo espacio. La obra propone una reflexión sobre la idea de oportunidad. Todas las personas, independientemente de su origen, están en búsqueda de lo mismo: estabilidad, futuro y un lugar donde desarrollarse. En este contexto, el arcoíris funciona como un símbolo común que unifica sin borrar las diferencias, representando un espacio compartido donde lo diverso convive.