











En un mundo que a veces parece desmoronarse, es fácil quedarse atrapado en el propio gris. Esta obra muestra el contraste entre nuestro vacío interno y la intensidad de todo lo que nos rodea.
A través de esta mujer, busco recordar que, aunque hoy no tengamos fuerzas para verlos, los colores del mundo no se han ido. Es un homenaje a la fragilidad y una promesa: la belleza sigue ahí fuera, esperando con paciencia a que estemos listos para volver a mirar.